El ueno Rally del Paraguay ya tiene trofeo para los ganadores de la segunda edición de la competencia mundial. En esta ocasión, los pilotos que suban al podio se llevarán el Caskuchi, un trofeo preparado por las artesanas de nuestro país.

La pieza es una fusión de un casco de piloto con un cántaro o Kambuchi, de ahí su nombre, Caskuchi (caskushí); además capturó lo ancestral y lo contemporáneo a través de las manos de artistas, artesanos y arquitectos paraguayos.
La historia del Caskuchi comienza en el barrio San Rafael, de la compañía 21 de julio, en el departamento de Cordillera, donde Sandra Ortega y su familia mantienen desde hace generaciones la tradición de trabajar el barro, respetando los procesos naturales y las técnicas de la alfarería paraguaya.
Su materia prima es el ñai’u, un barro extraído de una cantera de la localidad. Cada pieza es moldeada artesanalmente, pasa por un proceso de secado y finalmente es cocida en el tradicional horno paraguayo, el tatakua. Así, cada trofeo es único y nace de un proceso que conecta directamente al Rally con la tierra paraguaya.
A la pieza moldeada del barro se le suma la obra del artista urbano Rolo Ocampos, quien desarrolló el concepto visual del Caskuchi a partir de un paralelismo entre los caballos que recorren libremente el campo paraguayo y el concepto de “caballos de fuerza”, utilizado en el mundo automotor.

Los colores del Caskuchi representan las aves que atraviesan el cielo como símbolo de libertad, movimiento y esa búsqueda constante de superación que caracteriza al deporte.
El Caskuchi también es un homenaje a los pilotos, protagonistas que recorren este territorio y se integran a su paisaje, combinando velocidad, precisión y destreza en cada tramo. Además, en el trofeo, los pilotos se llevarán un poco de la tierra roja en donde corrieron la aventura del mejor Rally del mundo.
El arquitecto Carlos Cáceres, de Trenino, desarrolló las bases de madera que acompañan cada trofeo, mientras que las placas fueron elaboradas por el tradicional taller de orfebrería Joyería Alegre.
El resultado es una pieza en la que cada detalle cuenta una parte de la historia del Paraguay y de su vínculo con el automovilismo.
En este proceso también se contó con el acompañamiento del Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA), como institución referente en la promoción, preservación y puesta en valor de la artesanía nacional.
